La persistencia del cambio…

“Si tu ángel ya no es tan transparente y vos ya no sos vos…” El otro yo

Una frase de la canción “ángel” de este grupo argentino El otro yo que me invitó a viajar en reflexiones entre absurdas y cuerdas. Cierto es que cada día cambiamos, nos vamos haciendo de nuevas experiencias que poco a poco van creando <otro yo>.

Difícilmente recordamos cómo eramos a los cinco años, muchas veces ni si quiera recordamos todas nuestras acciones de la semana pasada, el tiempo sigue corriendo y seguimos preocupados por el presente el aquí y ahora. Nuestra sociedad acelerada nos indica que debemos seguirla a una velocidad que no nos deja recapacitar sino actuar, muchas veces automáticamente. Sin embargo, cambiamos.

Lo bueno de esa poca o mucha memoria es conservarla. Justo por un olvido, alguien recordó una recomendación de un documental “El hombre con 7 segundos de memoria”, Clave Wearig un talentoso director de orquesta, músico y productor de radio que sufrió una extraña enfermedad cerebral que lo pondría a vivir un constante presente para toda su vida.

¿Se imaginan hacer algo, tras unos segundos volver a hacerlo sin tener conciencia de que ya se había realizado? Eso constantemente sucede al señor Wearing,  quien insiste a los documentalistas “son las primeras personas que he visto desde mi enfermedad”, un hombre que sólo recuerda a su esposa, aunque a veces olvida su nombre.

Dentro de las frases que repite una y otra vez el personaje central del documental, equipara su vida con la muerte, no hay recuerdos, no hay sueños, cada momento es un despertar que se opaca poco tiempo después. Sin duda, un caso sumamente particular que no deja de ser conmovedor, por qué negarlo: triste. 

Entonces, los recuerdos nos llenan de vivencias, de nostalgias, alegrías, enojos, risas y carcajadas, nos llenan de vida porque nos recuerdan que estamos vivos. Aunque, en nuestro aquí y ahora hace que olvidemos recordar. Incluso lo tratamos de evitar, sobre todo aquello que nos hizo felices y luego no o simplemente los recuerdos poco agradables. Finalmente son sucesos únicos, irrepetibles y que forman parte de nosotros.

Sería loable rescatar memorias, sobre todo aquellas que son llamadas de la “tercera edad”. Siempre hay algo simpático en aquellas aventuras de los abuelos, porque nos damos cuenta que aunque ayer, muchas situaciones persisten, pero a nuestro tiempo y estilo.

Y allí viene la discusión entre si cambiamos o continuamos igual que siempre. Los niños, quizá no juegan lo mismo que antes, pero siguen jugando; los jóvenes siguen siendo rebeldes sin causa; los mismos rituales de religiosos; los mismos apáticos a la política, los mismos radicales que terminarán en un puesto burocrático… Los mismos consejos de padres a hijos, el mismo perfil del profesor simpático o el empecinado en ganarse el rencor de los alumnos, sin saber (o quizá si) que después lo recordarán con una enorme sonrisa en el rostro.

Son retratos, cual fotografías, que continúan inmersos en lo que llamamos ‘sociedad’. Algunos los llaman roles, algunos otros estereotipos, arquetipos, persisten eso es más que cierto. 

Pero cambian, eso también es verdad. Ahora hay chicos con roles de chicas, madres con roles de padres y padres con roles de hijos. También hay guapas inteligentes, feos y estúpidos (podres)… Es un vaivén de personalidades revueltas en la licuadora cotidiana de una ciudad, una región, un país y un mundo llamado planeta Tierra.

Venimos y vamos intercambiando gustos y formas de pensar. Conquistando records, angustiándonos por pasar de moda o no conseguir más seguidores en Twitter. Pero hay algo que, sin meternos en cuestiones humanísticas, somos… Somos humanos, algunos “peores que otros”, pero somos de esos homo sapiens que cada vez agrega más términos a la definición.

Usamos papeles, los tiramos y volvemos usar, tal como Erving Goffman analogó el comportamiento social del día a día con una obra de teatro donde podemos ser protagonistas, villanos, secundarios… Nuestra obra, la mejor o la peor, es nuestra propia vida.

Seguro es que seguiremos buscando nuestro mejor papel, quizá algunos más famosos que otros, unos mejor interpretados o caracterizados, pero ya tendremos para entretenernos, por lo menos hasta que así queramos o el director nos baje el telón.

La persistencia de la memoria_Salvador Dalí